Una de las palabras del vocabulario mediático actual, es “militantes” y sus derivados “militar en/para” y “yo milito”. Una de las palabras más usadas por los políticos actuales, sin diferencia de color y partido esa palabra resurgió hace unos pocos años luego de un largo letargo en el que parece logro reinventarse.
Bajo las banderas de la transversabilidad y el progresismo setentista kirchnerista a partir del 2003 la palabra militante fue reemplazando los personalismos políticos conocidos hasta ese momento, y las afirmaciones de adeptos al gobernante de turno o al líder político pasó de afirmarse alfonsinistas, menemista o duhaldista, entre otros varios ejemplo, a autodefinirse como militantes del modelo o gobierno según sea el caso.
Así es como oímos hasta el hartazgo a ministros, secretarios gubernamentales, jefes de gabinete, diputados, senadoras, intendentes, gobernadores, periodistas, intelectuales, estudiantes, cocineros, jardineros, obreros, amas de casa, abogadas, vecinas y vecinos de cualquier ciudad o pueblo de este país, proclamarse defensores militantes del modelo kirchnerista, macrista, o cual sea el gusto personal.
En este análisis es indistinto de que rama política hablamos, lo central es esa poderosa palabra tan cargada de contenido como también de oportunismo marketinero.
En esta época de política 2.0 donde la comunicación es sobrevaluada por encima de las ideas, las propuestas y hasta encima de las ideologías, la palabra militantes viene a aglutinarnos juntos con otras personas que comparten nuestras mismas aspiraciones, así sea en función del país o de nosotros mismos. Esa palabra hoy es el factor comunicacional que nos genera una sensación de pertenencia, de que formamos parte de algo, y nos indica sobretodo que no somos aquello que está enfrente.
Dentro de si misma la palabra militante, tiene marcadas diferencias irreconciliables, de significado, de contenido. Esa diferencia está dada por las mismas personas que se proclaman militantes, es cada persona la que define que tipo de militante es y para que lo es. Hoy por lo expuesto antes da lo mismo ser un militante twittero o facebookero, a aquellos que viven por y para la militancia recorriendo día a día barrios del conurbano intentando apaciguar necesidades que de otra forma, por ahora, no serán aplacadas.
Entonces, tenemos dos grandes grupos de militantes (vuelvo a advertir que no se habla de color ni partido político), están aquellos militantes testimoniales que siguen un proyecto, y aquellos militantes sociales que hacen con su militancia el proyecto. Para la estructura partidaria los dos son importantes, pero sin ninguna duda los segundos son los fundamentales, los que en cada cansancio van por más, los que dejan sus individualidades en el trabajo diario de ensuciarse en el barro. Los otros, los testimoniales, seguramente sirvan para ganar una elección, pero los militantes sociales nos van haciendo, sin saberlo, cada día un poco mejores.
¿Qué tipo de militantes somos? ¿Cuál queremos ser? ¿Para que queremos ser militantes? Preguntas que deberíamos hacernos al proclamarnos como tales, preguntas que hoy carecen de importancia mientras aquellos lideres alimentan una palabra que muchos nunca lograremos entender.
